domingo, 22 de diciembre de 2013

Que la suerte se reparta bien

Un año más llegamos al 22 de diciembre, marcado en nuestros calendarios por ser ese día de ilusión y esperanza para aquellos que hemos (y me incluyo) comprado o participado en algún décimo del sorteo de la lotería de Navidad, que aunque sea -como acabo de decir- de Navidad, los primeros décimos se empiezan a vender en el mes de julio. El día 22 de diciembre es un día mágico, desde pequeña he visto y escuchado a los Niños de San Ildefonso cantar cada una de las bolas que entran en los bombos con esa emoción de escuchar al encargado de cantar los premios, el cambio repentino del tono y la monotonía de la pedrea y dé uno de los premios grandes. En los últimos años, me ha pillado trabajando (que decir esto es otra lotería) pero, incluso en el trabajo, todos los compañeros hemos vivido este día en tono festivo, anunciando la Navidad, que es lo que sin duda marca este día, el inicio de las vacaciones navideñas.

Cuántas veces no habremos soñado con ser uno de esos agraciados que salen en la tele con sus décimos fotocopiados a tamaño A3, descorchando botellas y botellas del mejor champán, contando su simple historia de la compra del boleto... Cuántas veces no habremos hecho planes con ese dinero que está en juego, lo hemos repartido entre la familia y amigos, tapado agujeros, comprado algún capricho, viajado a algún lugar soñado, etc. sabiendo que sólo hay 10 posibles propietarios de los décimos del Gordo con una probabilidad muy pequeña de que seamos nosotros.

Hoy tenía ganas de compartir con vosotros unas palabras sobre la lotería que tan tradicional es en este país, aunque no he querido entrar en la parte crítica en cuanto a los impuestos y demás batallas que lleva consigo este juego, así que termino diciendo a todos los que participéis en el sorteo que os deseo mucha suerte y si no llega esa suerte tendremos que decir que por lo menos tengamos salud.
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