jueves, 20 de mayo de 2010

El realismo de un Cristo crucificado


El Cristo de la Hermandad Universitaria de Córdoba 

 
Es una obra realizada por el escultor sevillano y catedrático de la Universidad de Sevilla, Juan Manuel Miñarro, resultado del trabajo del grupo de científicos pluridisciplinar de investigación de la Síndone, convirtiéndolo en el único Cristo sindónico del mundo y refleja hasta el mínimo detalle los politraumatismos del cadáver reflejado en la Sábana Santa de Turín.

La  imagen representa un cuerpo de 1,80 metros de alto, según los estudios de la Síndone de las universidades de Bolonia y Pavía. Los brazos y la cruz forman un ángulo de 65º. En él se reproduce con total exactitud las heridas del HOMBRE de la  Sábana Santa.

En la cabeza, la corona de espinas, a modo de casco que cubre todo el cráneo, está hecha con “ziziphus jujuba”, una especie de espinas que no se doblan, y son con las que se cree que se hizo la de Cristo.

La piel presenta el aspecto exacto de una persona muerta hace una hora. El vientre, con la crucifixión , se hincha.
El brazo derecho dislocado al apoyarse el crucificado en él, durante el proceso de asfixia, en busca de aire. El pulgar de las manos está hacia dentro de la palma. Como reacción de un nervio cuando un objeto atraviesa la muñeca.

Hay dos tipos de sangre en la talla, la previa a la muerte y la que sale postmorten. También se ha reflejado el plasma de la herida del costado. Lo han supervisado hematólogos. La piel de las rodillas está desollada por las caídas y la tortura. Hay granos de tierra incrustados en la carne, traída desde Jerusalén.

Las heridas reflejan la huella que dejan los látigos romanos de castigo, con bolas de metal astilladas en la punta para rasgar la carne. No hay zonas vitales con latigazos, ya que los verdugos guardaban estas áreas para que el reo no muriera en la tortura.

El lado derecho del rostro está hinchado y amoratado tras la rotura del pómulo. La corona de espinas es de la misma especie vegetal palestina que los botánicos señalan. La lengua y los dedos del pie presentan un tono azulado, propios del fallo cardíaco.

Bajo la frase en hebrero, la traducción en griego y latín está escrita de derecha a izquierda, error habitual de aquella época en esa zona. Tiene faltas de ortografía a propósito.




Fotos: José Luis Risoto Rojas

Textos: Diarios, A.B.C. y EL CORDOBA
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